martes, 10 de marzo de 2009

paco que idolo


…Y el Titán, tantas veces vituperado por sus limitaciones técnicas, por sus escasos recursos, por su falta de estilo…Tantas veces cuestionado y tildado de rústico, de sacador y no sé cuantas sandeces, esa noche tendría su revancha. A la hora de jugar batallas como las del 4 de Mayo del 2006 en el Pacaembú, frente al Cortinthians de Tévez, siempre se destacó por poner eso que nos diferencia de las mujeres, y si algo lo destaca a este hombre era justamente eso.

Y demostrarles a todos sus inquisidores, cómo aquello que tanto los irritaba de su forma de juego, puesto a hervir, podía convertirse en la argamasa de la “mística” que durante años River anda buscando para ganar la Copa. Así fue que el “gallego”, típica barba rala, mal cortada o que no quiere crecer, indisimuladamente desprolija; flaco y blanquito como Mendieta el perro de Don Inodoro. Huesudo y alto como el Quijote salió a la cancha como quien está convencido de que Los Molinos de Viento eran un ejército.

Sus ojos vidriosos con sus conjuntivas inflamadas en sangre buscaban entre todas las camisinhas blancas una sola. Esa era su tarea, anular a quién habían venido a ver desde Inglaterra, considerado por muchos el jugador más guapo, el más aguerrido y atrevido del mundo, en ese momento el alma del equipo para los Conrinthianos. Nada de eso se le cruzó por la cabeza.

Sonó el silbato y enseguida le clavó la mirada al diminuto morocho y lo fulminó con su pensamiento. La cámara de televisión lo vendió: De entre sus labios pudo leerse su sentencia: “Yo quedo afuera de la Copa, pero a vos te saco del mundial”, le dijo. Tévez, perdió su compostura, sintió por primera vez, lo que verdaderamente era el miedo. Vio en el brillo de esa dentadura chueca un brillo, parecido al de las navajas que usaban los faquedarores. Las imágenes más cruentas, de cuentas pendientes resueltas a cuchillo, cuando su infancia en Fuerte Apache lo asoló inconscientemente.

Se movió nervioso por los laterales de la cancha, hasta que definitivamente se escondió. Carlinhos entendió que con este no se jode. Arrugó. Y espero el final. Esta vez no hubo cacareo, ni puteada televisada. Había quedado pálido, petrificado. Mientras tanto, Gerlo festejaba con sus compañeros el paso a los cuartos de final. Su alegría era tan grande, que ni siquiera había reparado en que había destruido un mito: ¿Dónde quedaron los tres testículos de Carlinhos?

A partir de esa noche el nuevo héroe de millones de hinchas, que entienden que el futbol es un juego de hombres y a veces una metáfora de viejas paradas de taitas. Un duelo de guapos en el que a veces no hace falta hacer uso de las armas. Basta con la actitud. Algo que este “brutito” siempre llevó como una mochila y que esa noche lo convertía en “titán”. La revancha estaba en su propia naturaleza y su voz interior lo traicionó. Ese balbuceo que muy pocos pudieron observar, ni siquiera en la repetición. Fue la noche negra del Timao. La de Carlinhos, Pedro Navaja-el que hierro mata a hierro termina-. Le ganó Gerlo, un don nadie, sin pegar una patada.

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